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Luego de dejar mis sandalias en la entrada como muestra de respeto, entro a la casa de mi jefe. Muy amable me presenta a su esposa y la invita a conversar con nosotros. Le dice que soy peruano, que llevo un año viviendo en la India. Ella me saluda cortésmente y me dice que le gustaría visitar Machu Picchu. A diferencia de lo que alguna vez relaté en ¿Donde está el Perú?, tanto mi jefe como su esposa empezaron a conocer sobre el país –para mi sorpresa- a través de Tintín y sus aventuras. La esposa aunque dubitativa, me ha lanzado su primera pregunta:

- En el Perú, ¿la gente es físicamente como tú?

La pregunta no me sorprende del todo. Nadie en la India o Europa ha atinado saber de dónde soy y cuando alguien se atreve a adivinar mi procedencia, cada respuesta es absolutamente una bala perdida. Me han llamado desde italiano hasta japonés. Es claro para todos que no soy de algún país africano ni tampoco uno nórdico. Llevo un record poco estricto de las suposiciones de las personas:

1. Que soy de Japón
2. Que soy de China
3. Que soy de España

Como verán, quizás se pueda pensar que lo que destaca de mis rasgos físicos es tener los ojos rasgados. Apoya esa idea que viviendo en Lima de tanto en tanto haya habido algún cobrador de combi que me dijese “al fondo entran cuatro, chinito”. Sin embargo, no tengo los ojos (tan) rasgados a menos que me levanten un domingo a las seis de la mañana luego de un rompe y raja sabatino. Pero al parecer tampoco parezco un “típico peruano”, aquella imagen exportada en postales y revistas de turismo. Un persona del ande. Cierta vez estando en una fiesta, un español me decía precisamente que no parecía peruano. Cuando le pregunté por qué, me dijo que no tenía cara indígena. Me preguntó por mis apellidos y me dijo que debía tener mucho de español corriendo por mis venas.

Pero ostias! tampoco parezco un español. Ni tez blanca, ni barba, coño! Sin embargo, conversando con un amigo indio, él percibía que mi color de piel era más cercano a una persona de España que a una de India. Quedé desconcertado. Yo percibía que mi color de piel era más cercano a la de un indio que a la de un español, a pesar de la falta de bronceado. Mi amigo indio asumía que en Perú se tenía piel blanca o aquella cobriza como la de un descendiente inca. Yo le explicaba que a diferencia de los británicos que rara vez se relacionaron con gente de sus colonias, los españoles si lo hicieron creando mestizajes y que en realidad el tono de piel española era mucho más clara que la mía.

A estas alturas, habiendo conocido varios países y diferentes personas de innumerables lugares, yo tengo mi propia conclusión sobre mi aspecto físico:

1. Que podría ser de Tailandia
2. Que podría ser de Filipinas
3. Que podría ser de Indonesia

Una vez quien fue mi novia me escribía feliz desde Bangkok diciéndome que estaba rodeada de muchos que se parecían a mí. Me dio gracia y no gracia imaginarla con algún monje budista de Tailandia. En mi maestría conocí a muchos filipinos que hubiese jurado pasaban como peruanos. Al fin y al cabo, fueron durante más de un siglo colonia española y se puede aún encontrar apellidos castellanos como el mío. Finalmente, he visto también afinidad con los indonesios que quién sabe quizás pudieron llegar cruzando el Pacífico, aunque como suelo decir más que un indonesio yo parezco un indio-necio.

Responder a la esposa de mi jefa no iba a ser sencillo ¿Como traduces al inglés aquella frase que lo explica todo: que en Perú, quien no tiene de inga tiene de mandinga?

- “Los peruanos físicamente si son como yo pero no son como yo” - balbuceé.

Le expliqué que en mi país hay blancos como yo, hay chinos como yo, hay cobrizos como yo y hay negros como yo. Que además nos hemos mezclado y que hay mestizos, mulatos, zambos como yo. Que Perú se compone de una mezcla de españoles y andinos pero también de africanos y asiáticos traídos como esclavos hace siglos atrás. Que ella misma podría pasar como peruana. Que Perú es eso, una tierra de donde a diferencia de las colonias británicas, todos nos hemos mezclado. Que finalmente no me sorprende que no le atinen a mi nacionalidad. Que los peruanos somos eso: todas las sangres todas.

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Posted by Cerdas Travesías on



Pregunta de cajón en la India: “Where are you from?” Este interés por la nacionalidad antes que por el nombre me llamó la atención en Hyderabad, la ciudad al sur de la India donde trabajo y vivo desde hace unos meses. Me molestaba la pregunta porque en varios países es la medida para establecer precios a los productos. Si eres japonés o “americano”, un recuerdo podría valerte más que si eres argentino o egipcio. La pregunta también sirve de gancho para impresionar: “Ahh Spanish, right?, hola-amigo-cómo-estás”. Sin embargo, en Hyderabad no hay mayor turismo; ver a un extranjero es una curiosidad inevitable para los locales y la pregunta por tu lugar de procedencia no tiene ninguna connotación comercial.
Tu país de origen es tu carta de presentación, una definición de tu identidad y una invitación a conversar. Todas ellas me están frustrando y retando en Hyderabad. Cuando respondo Perú, leo inmediatamente la cara de signo de interrogación en los rostros.

- ¿Perú? ¿En qué país queda? ¿Es una ciudad?

- No, es un país. Está en América

- Ahhh, América. Tú americano!!!

- No, en Sudamérica

- Ahhh, en el sur de United States!

Aunque influenciado, no se trata de un tema de educación o estatus socioeconómico. Se trata simplemente de que Perú es un país totalmente lejano, ajeno y no “suena” por ninguna razón. Supongo que debe ser como si algún ciudadano de las islas Maldivas o de Suazilandia llegara al Perú y dijese de dónde es. Ha sido un reto para mí tratar de decir algo representativo del Perú para ser identificado. No es que nuestro país no tenga cosas que son valiosas, sino que no han sido posicionadas. No hay como en la India un Premio Nobel (Amartya Sen), una polémica novela (Los versos satánicos), una película ganadora del Óscar (Salaam Bombay o la más reciente Slumdog Millonaire), un personaje reconocido mundialmente (Gandhi), una famosa danza (belly dance) o simplemente algo llamativo (templos con ratas, faquires en camas de clavos, encantadores de cobras o Apu de los Simpson). En ese desafío, Machu Picchu suena a algo famoso como el Taj Mahal, aunque no se sabe exactamente qué es. Uno que otro ha leído alguna novela de Vargas Llosa. El fútbol, el boxeo o el surf no son deportes practicados para que un indio pueda reconocer a Pizarro, Kina Malpartida o Sofía Mulanovich. Es frustrante perder tu identidad, más aún si mis rasgos físicos aparentemente corresponden más a un vietnamita o un filipino de talla sobre el promedio.

Cansado de brindar explicaciones, un día decidí decir al siguiente que me preguntase la nacionalidad que era de Filipinas. Para mi mala suerte me tocó decirlo en un hotelito de pueblo. Luego de la conversa de unos minutos sobre Filipinas, mi “país de origen”, me pidió pasaporte. “¿Pasaporte?!” Empecé a hilar recuerdos. No hay hotel que no te solicite pasaporte y son muy reacios a brindarte alojamiento sin el preciado documento. Parte de las medidas de extrema seguridad que observo en el país. Le dije que me lo había olvidado; luego de negarme alojamiento en el único hotelito del pueblo donde estaba, terminó por aceptarme mi caducado documento de estudiante de Holanda donde decía bien claro, pero en holandés confuso, que soy un “Peruaanse”. No llegó a detectar mi país de origen ni la fecha de caducidad, pero me prometí no jugar más con mi nacionalidad y dar siempre las explicaciones del caso sobre Perú. En las últimas semanas me ronda la idea de una exposición sobre mi país. Claro, tampoco hay Consulado o Embajada en la ciudad para que me apoye, pero creo que es un reto que sería a la vez divertido y comprometido. Ya lo hice en el mural de mi oficina. También entre a Internet, bajé un mapamundi, pinté solo el Perú y puse la frase: “I am from here”; y sobre India, “I am here”. Ya lo tengo estampado en una camiseta.

Cuando descubrí el blog “Yo También me llamo Perú” ya tenía en mente mil anécdotas de este hermoso y contrastable país que se debate entre la modernidad y la tradición, pero que está muy lejos aún de todo Occidente. Tengo muchas historias que a veces resumo en la primera pregunta que me hice apenas llegué a esta ciudad: “¿Cómo sobreviviré solitario en este lugar sin carne de res, cerdo, alcohol, fútbol y el mínimo contacto con mujeres?” Ahora soy casi vegetariano y contemplo el cricket –el deporte más popular de India- mientras bebo cantidades industriales de agua debido al sol infernal de un invierno de 38 grados. Es una rutina que no me cuestiono a menos que alguien me pregunte qué se come, bebe o hace en ese sitio al cual yo me refiero como Perú.Decía que aunque hay muchas historias para este blog, decidí empezar por este que ya he relatado: mi frustración y reto de transmitir lo que es Perú. Ya he vivido en otro país y ya he conocido a varios peruanos y extranjeros. Todos se vuelven, consciente o inconscientemente, embajadores silenciosos de sus países. También lo he sido viviendo en Europa, pero es divertido y frustrante a la vez hacerlo en un sitio donde el Perú, aunque duela, no significa nada; en un sitio donde la “cultura de Occidente” apenas ha ingresado. Una amiga de la India se moría de risa cuando le conté que me iba a su ciudad. “Probablemente seas el único peruano en todo el estado, y lo serás por mucho tiempo” me dijo explicándome por qué se reía. No es poca cosa si la población es de 72 millones, casi el triple del Perú. Entré a Internet y puse “Peruanos Hyderabad”, nada. “Latinos Hyderabad”, aparecieron 3, uno de El Salvador que ya no estaba, la otra era su esposa y la tercera persona era una colombiana que se acaba de ir en marzo sin que llegáramos a vernos. Me resisto a ser el único es esta versión agradable de “Lost in Translation”.
¡Ah!, las posibles siguientes preguntas en la India, no le sorprendan, serán “¿Estas casado? ¿Por qué no?” y “¿Cuánto ganas?”

*Publicado en Yo también me llamo Perú de El Comercio

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Posted by Cerdas Travesías on

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